1ª CORINTIOS (1:10 - 4:21). Divisiones en la Comunidad
En esta 1ª parte de la carta, San Pablo se ocupa de las serias divisiones entre los miembros la iglesia de Corinto. Apela y enfatiza la necesidad de la unidad.
Después de leer varias veces este primer fragmento de la carta, algunos pasajes nos resuenan más que otros. Si los ponemos en diferente orden lo más importante del mensaje se nos puede aparecer más claro. (Esto es un ejemplo. Y puede resultar diferente cada vez que releeamos la carta, pues la Palabra no se agota nunca y siempre nos dirá cosas nuevas).
1:10 « Os ruego, ... en nombre de nuestro Señor Jesucristo...que digais todos lo mismo y que no haya divisiones entre vosotros. Estad bien unidos con un mismo pensar y un mismo sentir»
3:5 -7 «En definitiva, ¿qué es Apolo y qué es Pablo? Servidores a través de los cuales accedisteis a la fe.... pero fue Dios el que hizo crecer»
3:10-11 «...Mire cada cuál cómo construye. Pues nadie puede poner otro cimiento fuera del ya puesto, que es Jesucristo»
3:21 «Así pues, que nadie se gloríe en los hombres... Pablo, Apolo, Cefas...pues todo es vuestro, vosotros de Cristo y Cristo de Dios»
4:1 «Que la gente solo vea en vosotros servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios»
3:16 «¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu Santo habita en vosotros?»
4:5 «... no juzguéis antes de tiempo, dejad que el Señor venga»
3:13 «la obra de cada cual quedará patente, la mostrara el día porque se revelará con fuego. Y el fuego comprobará la calidad de la obra de cada cual»
4:4 «La conciencia, es verdad, no me remuerde, pero tampoco por esto quedo absuelto: mi juez es el Señor»
Enseñanzas sobre este fragmento en el Catecismo de la Iglesia Católica:
La conciencia y el juicio recto.
LA CONCIENCIA MORAL
1776. «En lo más profundo de su conciencia el hombre descubre una
ley que él no se da a sí mismo, sino a la que debe obedecer y cuya voz
resuena, cuando es necesario, en los oídos de su corazón, llamándole
siempre a amar y a hacer el bien y a evitar el mal [...]. El hombre tiene
una ley inscrita por Dios en su corazón [...]. La conciencia es el núcleo
más secreto y el sagrario del hombre, en el que está solo con Dios,
cuya voz resuena en lo más íntimo de ella» (GS 16).
II. La formación de la conciencia
1783. Hay que formar la conciencia, y esclarecer el juicio moral. Una
conciencia bien formada es recta y veraz. Formula sus juicios según la
razón, conforme al bien verdadero querido por la sabiduría del
Creador. La educación de la conciencia es indispensable a seres
humanos sometidos a influencias negativas y tentados por el pecado a
preferir su propio juicio y a rechazar las enseñanzas autorizadas.
III. Decidir en conciencia
1786. Ante la necesidad de decidir moralmente, la conciencia puede
formular un juicio recto de acuerdo con la razón y con la ley divina, o
al contrario un juicio erróneo que se aleja de ellas.
1787. El hombre se ve a veces enfrentado con situaciones que hacen
el juicio moral menos seguro, y la decisión difícil. Pero debe buscar
siempre lo que es justo y bueno y discernir la voluntad de Dios
expresada en la ley divina.
1788. Para esto, el hombre se esfuerza por interpretar los datos de la
experiencia y los signos de los tiempos gracias a la virtud de la
prudencia, los consejos de las personas entendidas y la ayuda del
Espíritu Santo y de sus dones.
IV. El juicio erróneo
1790. La persona humana debe obedecer siempre el juicio cierto de
su conciencia. Si obrase deliberadamente contra este último, se
condenaría a sí mismo. Pero sucede que la conciencia moral puede
estar afectada por la ignorancia y puede formar juicios erróneos sobre
actos proyectados o ya cometidos.
1794. La conciencia buena y pura es iluminada por la fe verdadera.
Porque la caridad procede al mismo tiempo «de un corazón limpio, de
una conciencia recta y de una fe sincera» (1 Tm 1,5; cf. 1 Tm 3, 9; 2
Tm 1, 3; 1 P 3, 21; Hch 24, 16).
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