Grupo de Oración de la Renovación Carismática Católica Española en Alcoy

lunes, 6 de abril de 2020

Leyendo 1ª Corintios 3ª Parte (7)

1ªCORINTIOS 3ª Parte: El matrimonio y la virginidad (7:1 - 7:40)

1.- La Palabra (qué nos dice San Pablo):

San Pablo responde a cuestiones sobre la vivencia cristiana de la sexualidad. Algunas de sus afirmaciones son muy realistas en relación con este ámbito.
Estos son algunos pasajes de esta tercera parte de la carta:

7:17 «...que cada cual se comporte como le ha asignado el Señor...»
7:7 «...Pero cada cual tiene su propio don de Dios, unos de un modo y otros de otro.»
7:8 «...a los no casados y a las viudas les digo: es bueno que se mantengan como yo [célibes]. Pero si no se contienen, cásense...» 
7:39 « Una esposa está ligada a su marido mientras este viva. Pero si el marido muere, es libre de casarse con quien quiera; solo que debe hacerlo en el Señor.»
7:10-11 «A los casados les ordeno, no yo sino el Señor: que la mujer no se separe del marido; pero si se separa, que permanezca sin casarse o que se reconcilie con el marido; y que el marido no repudie a la mujer.»
7:13-14 «Y si una mujer tiene un marido no creyente, y él está de acuerdo en vivir con ella, que no repudie al marido, pues el marido no creyente se santifica por la mujer y la mujer no creyente se santifica por el hermano;...»
7:15 «Ahora bien, si el no creyente quiere divorciarse, que se divorcie; en estos casos, el hermano o la hermana no están esclavizados; pues Dios os ha llamado en paz.»
7:29-31 «Digo esto, hermanos, que el momento es apremiante. ... que los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que están alegres, como si no se alegraran; lo que compran, como si no poseyera; los que negocian en el mundo, como si no disfrutaran de él: porque la representación de este mundo se termina
7:35 «Os digo todo esto para vuestro bien; no para poneros una trampa, sino para induciros a una cosa noble y al trato con el Señor sin preocupaciones


2.- Enseñanzas sobre este fragmento en el Catecismo de la Iglesia Católica:

LA IGLESIA, PUEBLO DE DIOS, CUERPO DE CRISTO,
TEMPLO DEL ESPÍRITU SANTO

L A IGLESIA ES COMUNIÓN CON JESÚS
787. Desde el comienzo, Jesús asoció a sus discípulos a su vida
(cf. Mc 1,16-20; 3, 13-19); les reveló el Misterio del Reino (cf. Mt 13,
10-17); les dio parte en su misión, en su alegría (cf. Lc 10, 17-20) y en
sus sufrimientos (cf. Lc 22, 28-30). Jesús habla de una comunión
todavía más íntima entre Él y los que le sigan
: "Permaneced en mí,
como yo en vosotros [...] Yo soy la vid y vosotros los sarmientos"
(Jn 15, 4-5). Anuncia una comunión misteriosa y real entre su propio
cuerpo y el nuestro
: "Quien come mi carne y bebe mi sangre
permanece en mí y yo en él" (Jn 6, 56).

788. Cuando fueron privados los discípulos de su presencia visible,
Jesús no los dejó huérfanos (cf. Jn 14, 18). Les prometió quedarse con
ellos hasta el fin de los tiempos (cf. Mt 28, 20), les envió su Espíritu
(cf. Jn 20, 22; Hch 2, 33). Por eso, la comunión con Jesús se hizo en
cierto modo más intensa: "Por la comunicación de su Espíritu a sus
hermanos, reunidos de todos los pueblos, Cristo los constituye
místicamente en su cuerpo"
(LG 7).

«UN SOLO CUERPO»
790. Los creyentes que responden a la Palabra de Dios y se hacen
miembros del Cuerpo de Cristo, quedan estrechamente unidos a
Cristo: "La vida de Cristo se comunica a a los creyentes, que se unen a
Cristo, muerto y glorificado, por medio de los sacramentos de una
manera misteriosa pero real
" (LG 7). Esto es particularmente verdad
en el caso del Bautismo por el cual nos unimos a la muerte y a la
Resurrección de Cristo (cf. Rm 6, 4-5; 1 Co 12, 13), y en el caso de la
Eucaristía, por la cual, "compartimos realmente el Cuerpo del Señor,
que nos eleva hasta la comunión con él y entre nosotros" (LG 7).

793. Él nos une a su Pascua: Todos los miembros tienen que
esforzarse en asemejarse a él "hasta que Cristo esté formado en ellos"

(Ga 4, 19). "Por eso somos integrados en los misterios de su vida [...],
nos unimos a sus sufrimientos como el cuerpo a su cabeza. Sufrimos
con él para ser glorificados con él" (LG 7).

794. Él provee a nuestro crecimiento (cf. Col 2, 19): Para hacernos
crecer hacia él, nuestra Cabeza
(cf. Ef 4, 11-16), Cristo distribuye en
su Cuerpo, la Iglesia, los dones y los servicios mediante los cuales nos
ayudamos mutuamente en el camino de la salvación
.

LA IGLESIA ES LA ESPOSA DE CRISTO
796. La unidad de Cristo y de la Iglesia, Cabeza y miembros del
cuerpo, implica también la distinción de ambos en una relación
personal. Este aspecto es expresado con frecuencia mediante la
imagen del esposo y de la esposa
. El tema de Cristo Esposo de la
Iglesia fue preparado por los profetas y anunciado por Juan Bautista
(cf. Jn 3, 29). El Señor se designó a sí mismo como "el Esposo"
(Mc 2, 19; cf. Mt 22, 1-14; 25, 1-13). El apóstol presenta a la Iglesia y
a cada fiel, miembro de su Cuerpo, como una Esposa "desposada" con
Cristo Señor para "no ser con él más que un solo Espíritu"
(cf. 1
Co 6,15-17; 2 Co 11,2). Ella es la Esposa inmaculada del Cordero
inmaculado (cf. Ap 22,17; Ef 1,4; 5,27), a la que Cristo "amó y por la
que se entregó a fin de santificarla" (Ef 5,26), la que él se asoció
mediante una Alianza eterna y de la que no cesa de cuidar como de su
propio Cuerpo (cf. Ef 5,29):

«He ahí el Cristo total, cabeza y cuerpo, un solo formado de muchos [...]
Sea la cabeza la que hable, sean los miembros, es Cristo el que habla.
Habla en el papel de cabeza [ex persona capitis] o en el de cuerpo [ex
persona corporis]. Según lo que está escrito: "Y los dos se harán una sola
carne. Gran misterio es éste, lo digo respecto a Cristo y la Iglesia.
" (Ef
5,31-32) Y el Señor mismo en el evangelio dice: "De manera que ya no
son dos sino una sola carne" (Mt 19,6). Como lo habéis visto bien, hay en
efecto dos personas diferentes y, no obstante, no forman más que una en
el abrazo conyugal... Como cabeza él se llama "esposo" y como cuerpo
"esposa"» (San Agustín, Enarratio in Psalmum 74, 4: PL 36, 948-949).

EL SACRAMENTO DEL MATRIMONIO: EL MATRIMONIO EN EL SEÑOR
1614. En su predicación, Jesús enseñó sin ambigüedad el sentido
original de la unión del hombre y la mujer, tal como el Creador la quiso al comienzo: la autorización, dada por Moisés, de repudiar a su
mujer era una concesión a la dureza del corazón (cf. Mt 19,8); la unión
matrimonial del hombre y la mujer es indisoluble: Dios mismo la
estableció: "lo que Dios unió, que no lo separe el hombre" (Mt 19,6).

1615. Esta insistencia, inequívoca, en la indisolubilidad del vínculo
matrimonial pudo causar perplejidad y aparecer como una exigencia
irrealizable (cf. Mt 19,10). Sin embargo, Jesús no impuso a los
esposos una carga imposible de llevar y demasiado pesada
(cf. Mt 11,29-30), más pesada que la Ley de Moisés. Viniendo para
restablecer el orden inicial de la creación perturbado por el pecado, da
la fuerza y la gracia para vivir el matrimonio en la dimensión nueva
del Reino de Dios.
Siguiendo a Cristo, renunciando a sí mismos,
tomando sobre sí sus cruces (cf. Mt 8,34), los esposos podrán
"comprender" (cf. Mt 19,11) el sentido original del matrimonio y
vivirlo con la ayuda de Cristo. Esta gracia del Matrimonio cristiano es
un fruto de la Cruz de Cristo, fuente de toda la vida cristiana.

1617. Toda la vida cristiana está marcada por el amor esponsal de
Cristo y de la Iglesia
. Ya el Bautismo, entrada en el Pueblo de Dios, es
un misterio nupcial. Es, por así decirlo, como el baño de bodas (cf. Ef
5,26-27) que precede al banquete de bodas, la Eucaristía. El
Matrimonio cristiano viene a ser por su parte signo eficaz, sacramento
de la alianza de Cristo y de la Iglesia. Puesto que es signo y
comunicación de la gracia, el matrimonio entre bautizados es un
verdadero sacramento de la Nueva Alianza
(cf. Concilio de Trento, DS
1800; CIC can. 1055 § 2).

L A VIRGINIDAD POR EL REINO DE DIOS
1618. Cristo es el centro de toda vida cristiana. El vínculo con Él
ocupa el primer lugar entre todos los demás vínculos, familiares o
sociales
(cf. Lc 14,26; Mc 10,28-31). Desde los comienzos de la
Iglesia ha habido hombres y mujeres que han renunciado al gran bien
del matrimonio para seguir al Cordero dondequiera que vaya
(cf. Ap 14,4), para ocuparse de las cosas del Señor, para tratar de
agradarle (cf. 1 Co 7,32), para ir al encuentro del Esposo que viene
(cf. Mt 25,6). Cristo mismo invitó a algunos a seguirle en este modo
de vida del que Él es el modelo:

«Hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos hechos
por los hombres, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el
Reino de los Cielos. Quien pueda entender, que entienda» (Mt 19,12).

1620. Estas dos realidades, el sacramento del Matrimonio y la
virginidad por el Reino de Dios, vienen del Señor mismo. Es Él quien
les da sentido y les concede la gracia indispensable para vivirlos
conforme a su voluntad
(cf. Mt 19,3-12). La estima de la virginidad
por el Reino (cf. LG 42; PC 12; OT 10) y el sentido cristiano del
Matrimonio son inseparables y se apoyan mutuamente:

«Denigrar el matrimonio es reducir a la vez la gloria de la virginidad;
elogiarlo es realzar a la vez la admiración que corresponde a la
virginidad. Pero lo que por comparación con lo peor parece bueno, no es
bueno del todo; lo que según el parecer de todos es mejor que todos los
bienes, eso sí que es en verdad un bien eminente» (San Juan
Crisóstomo, De virginitate, 10,1; cf. FC, 16).