Grupo de Oración de la Renovación Carismática Católica Española en Alcoy

lunes, 15 de febrero de 2021

A) ACTITUD INTERNA DE LA ALABANZA (Aprendiendo a alabar) 2 de 3

 1.- Reconocemos a Dios:

Reconocemos la grandeza de Dios. Esto significa que como ya conocemos que Dios es grande, lo hacemos de nuevo. Volvemos a hacer presente lo que ya conocemos.

Hacemos presente a Dios en nuestra vida. No pensamos en Dios como algo histórico que ya pasó sino en Dios como Eterno, y por tanto presente en el “ahora”, lleno de gloria y majestad.

(La alabanza consiste en piropear a Dios, en apreciar en Él las maravillosas cualidades que Él tiene).

2.- Le entregamos nuestro amor:

La alabanza es una ofrenda a Dios. Es algo nuestro que le ofrecemos a Dios. Desde nuestra pobreza le decimos “Señor, yo también tengo algo precioso que ofrecerte”. Y es que el Señor ama nuestra pobre alabanza, que brota del corazón (como la del pobre publicano que se sentía pecador ante el Señor).

Es decirle yo te amo. Tu has tenido misericordia de mi. Y todo lo que expresamos con fe, Dios lo acoge.


3.- Acogemos Su gracia:

-No acudamos al grupo con actitud pasiva, pensando a ver que recibimos hoy. No tengamos la actitud de un pedigüeño. La alabanza es diferente de la oración de petición.

-Alabando no establecemos relaciones en una sola dirección con Dios, sino de doble dirección.

Al ir entrando en la alabanza establecemos un vínculo intimo con Dios. Primero le decimos “Tú me has creado, me has salvado porque me amas y yo también te amo” pobremente, miserablemente, con nuestras pobres palabras. Entonces Dios no se deja ganar por nosotros, pues si nosotros le damos un poquito de nuestro corazón, Él nos da muchísimo más y nos llena con su gracia.

-En la alabanza yo no le pido, sino que le doy a Dios lo que tengo en cada momento. Y Él siempre nos devuelve su gracia. Alabando de corazón siempre recogeremos a cambio algo de Dios.


4.- Alabamos tal como nos encontramos en cada momento:

-No asociemos la alabanza con el estado de ánimo. No pensemos que alabamos porque todo nos vaya bien, o porque seamos felices ni porque estemos sintiendo la gracia de Dios.

-Básicamente alabamos a Dios porque le amamos. Le expresamos nuestro amor.

-Dios esta siendo siempre bueno conmigo incluso cuando no lo entiendo o no lo veo en mi vida.

-Pues igual que Él es fiel conmigo y está siempre esperándome yo también quiero serle fiel, desde mi pobreza, con el ánimo que tenga en el corazón en cada momento.

Que buena es esa alabanza que se levanta por encima del sufrimiento y del cansancio, pero que expresa palabras de amor hacia el Señor. Y entonces sentimos como Él nos acoge tal como estemos, en cada momento.


5.- Dejamos el que Espíritu Santo fluya en nosotros:

-La alabanza no es rígida ni preparada: es guiada por el Espíritu Santo. Por lo tanto hay que “sumergirse” en el Señor para alabar.

Dejando el afán, el agobio, la preocupación del día, entramos en Tierra Sagrada, en la Zona de mi Encuentro con Dios. Con el pensamiento de que todo es para Él.

(Y al salir de la oración puedo observar cómo nuestro nivel de agobio es mucho menor que cuando hemos entrado.)

-No hagamos una oración intelectual (desde la cabeza). Dejemos que el Espíritu Santo de Dios fluya en nosotros.


6.- Establecemos una relación personal con el Señor:

A veces uno está tan metido en la alabanza que el la relación establecida con el Señor ya no sentimos a los demás. Parece que estamos solos con el Señor.

Y es que la alabanza nos saca de nosotros mismos. Las murallas caen y podemos sentir esa relación personal con Dios.

Salimos de nosotros mismos y experimentamos que hay más vida que mirarnos sólo el ombligo y que Dios está presente en nuestras vidas, aunque no lo estábamos sintiendo hasta ese momento.


7.- Construimos la alabanza entre todo el grupo, y construimos comunidad:

La alabanza es una oración que construimos entre todos. Y por eso nos ayuda a tener mayor sensación de comunidad. Nos hace sentirnos comunidad con los demás. Nos hacemos uno. Nos alimentamos con la alabanza de los otros y también los demás de nuestra alabanza.

Todos estamos llamados a construir comunidad. Debemos ser partícipes en la alabanza, la oración es algo nuestro que entregamos a Dios, es una ofrenda a Él y también a los hermanos.

Aunque es bueno que alguien dirija la alabanza todos debemos participar alabando todos juntos al señor y sentirnos vivos construyendo comunidad.

Los que oran juntos, permanecen juntos. Cuando se pierde la alabanza conjunta también se pierde ese espíritu comunitario.


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